¿QUE ES LA PAZ?:es lo contrario de la guerra estado interior (identificable con los conceptos griegos de ataraxia y sofrosine) exento de sentimientos negativos (ira, odio). Ese estado interior positivo es deseado tanto para uno mismo como para los demás, hasta el punto de convertirse en un propósito o meta de vida. También está en el origen etimológico de los saludos: shalom en hebreo y salam en árabe significan «paz» o «la paz esté contigo o con vosotros», y también se emplean como despedida, significando entonces ve en paz o id en paz; en cambio, salve, el saludo latino, es un deseo de salud, concepto también muy relacionado.
Durante el año 2011, mediante la promulgación de la Ley de víctimas y restitución de tierras, el ya posesionado presidente Santos manifestó a la guerrilla su intención de retomar las discusiones,9 lo cual derivó en una serie de comunicaciones secretadas por medio de recados entre la subversión y el gobierno. Dichos enlaces dieron lugar al establecimiento de reuniones presenciales en Cuba; los delegados del gobierno colombiano para tales encuentros fueron el consejero presidencial para la reintegración Alejandro Éder y Jaime Avendaño, funcionario de la presidencia desde el gobierno de Belisario Betancur, en tanto que la delegación de las FARC fue conformada por Rodrigo Granda, guerrillero liberado durante el gobierno Uribe, y Andrés París, uno de los ideólogos de esa organización, quien también estuvo en las negociaciones del Caguán. Finalmente, tras varias escenas de discusión, las partes optaron por la elaboración de una agenda y en su defecto, la organización del próximo lugar en donde continuarían dialogando.
LA GUERRA EN COLOMBIA: El conflicto armado interno en Colombia es una guerra asimétrica de baja intensidad que se desarrolla en Colombia desde la década de 1960.18 Los principales actores involucrados han sido en un comienzo el Estado colombiano y las guerrillas de extrema izquierda, sumándose décadas después los grupos paramilitares de extrema derecha, los carteles del narcotráfico y las bandas criminales. Ha pasado por varias etapas de recrudecimiento, en especial desde los años ochenta cuando algunos de los actores se comenzaron a financiar con el narcotráfico.
DIALOGOS DE PAZ:Los diálogos/negociaciones de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), también conocidos como proceso de paz en Colombia, fueron las conversaciones que se llevaron a cabo entre el Gobierno de Colombia (en representación del Estado) y la guerrilla de las FARC. Estos diálogos tuvieron lugar en Oslo y en La Habana. El objetivo, según el gobierno, es la terminación del conflicto con el grupo insurgente; y según las FARC, «buscar la paz con justicia social por medio del diálogo», según palabras de Iván Márquez,2 uno de los miembros del equipo negociador de las FARC.
GANO EL NO AL PLEBISCITO:

LA PAZ EN COLOMBIA:Siendo los años de la Política de Seguridad Democrática, el entonces comisionado de Paz, Frank Pearl, en representación del gobierno de Álvaro Uribe buscó negociar clandestinamente con las FARC (entre otros funcionarios del gobierno)4 y bajo condiciones similares a las actuales: sin cese al fuego e incluso desmilitarizando territorio colombiano (lo que se conoce como zonas de distensión).5 6 No obstante, a causa de la entrega del cadáver de Julián Ernesto Guevara, quien falleció en retención por la guerrilla, los acercamientos de ese gobierno con la insurgencia quedaron estancados7 hasta la llegada de Santos a la presidencia;8 4 aunque siendo presidente electo, Juan Manuel Santos recibió un "informe de empalme" de Pearl, por medio del cual éste le enteraba del estado en que habían quedado los fallidos acercamientos.9 Nota 1
Durante el año 2011, mediante la promulgación de la Ley de víctimas y restitución de tierras, el ya posesionado presidente Santos manifestó a la guerrilla su intención de retomar las discusiones,9 lo cual derivó en una serie de comunicaciones secretadas por medio de recados entre la subversión y el gobierno. Dichos enlaces dieron lugar al establecimiento de reuniones presenciales en Cuba; los delegados del gobierno colombiano para tales encuentros fueron el consejero presidencial para la reintegración Alejandro Éder y Jaime Avendaño, funcionario de la presidencia desde el gobierno de Belisario Betancur, en tanto que la delegación de las FARC fue conformada por Rodrigo Granda, guerrillero liberado durante el gobierno Uribe, y Andrés París, uno de los ideólogos de esa organización, quien también estuvo en las negociaciones del Caguán. Finalmente, tras varias escenas de discusión, las partes optaron por la elaboración de una agenda y en su defecto, la organización del próximo lugar en donde continuarían dialogando.
LA GUERRA EN COLOMBIA: El conflicto armado interno en Colombia es una guerra asimétrica de baja intensidad que se desarrolla en Colombia desde la década de 1960.18 Los principales actores involucrados han sido en un comienzo el Estado colombiano y las guerrillas de extrema izquierda, sumándose décadas después los grupos paramilitares de extrema derecha, los carteles del narcotráfico y las bandas criminales. Ha pasado por varias etapas de recrudecimiento, en especial desde los años ochenta cuando algunos de los actores se comenzaron a financiar con el narcotráfico.
DIALOGOS DE PAZ:Los diálogos/negociaciones de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), también conocidos como proceso de paz en Colombia, fueron las conversaciones que se llevaron a cabo entre el Gobierno de Colombia (en representación del Estado) y la guerrilla de las FARC. Estos diálogos tuvieron lugar en Oslo y en La Habana. El objetivo, según el gobierno, es la terminación del conflicto con el grupo insurgente; y según las FARC, «buscar la paz con justicia social por medio del diálogo», según palabras de Iván Márquez,2 uno de los miembros del equipo negociador de las FARC.
¿QUE ES EL PLEBISCITO DE LA PAZ EN COLOMBIA?
OPINIÒN: El Gobierno siempre habló de referendo cuando empezó el proceso, e incluso modificó la ley para que se pudiera hacer a la par con las elecciones ordinarias. El Gobierno ha querido que el plebiscito sea un todo o nada. Ahora, el mismo Gobierno se echó para atrás porque siempre habló de un referendo. Al poner esto en un todo o nada, hay muchas claudicaciones del Estado que están contenidas en los acuerdos y que ameritan decir no en defensa de los principios de legalidad. ¿Como cuáles? Que los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad, los máximos comandantes de las Farc, participen en unos eventos pedagógicos para que no paguen cárcel.
GANO EL NO AL PLEBISCITO:
Los resultados de este domingo en las urnas no habrían podido ser más sorpresivos. Al momento, el rechazo al proceso de paz supera el 50 % sobre el 49 % que se fue con el Sí. En principio, es difícil precisar las consecuencias inmediatas de esta decisión dado que no hay un solo escenario sino varios, que van desde un arreglo a la brava para llegar a una fórmula de paz alternativa, hasta que las dos partes se paren de la mesa definitivamente y vuelva a comenzar el conflicto armado.
Lo primero que hay que decir es que con la victoria del No, Santos no podrá implementar los acuerdos. Así quedó consignado en el fallo que la Corte Constitucional publicó en agosto donde explica que el plebiscito es un acto político que obliga al presidente a cumplir lo que el pueblo ordene con su voto. Por lo tanto, ahora cuando el pueblo ha dado su negativa, todos los procesos jurídicos posteriores a la firma de los acuerdos quedan suspendidos.
En el papel, esto significa que los procedimientos legales que estaban dispuestos para arrancar la implementación quedan sin piso. El primero es el Acto Legislativo para la Paz, el cual había habilitado un proceso transitorio y expedito (fast-track) para agilizar la aprobación, a través de proyectos y reformas constitucionales, de lo pactado con las FARC.
Le puede interesar: Triunfo del No Un oso internacional
Este acto legislativo también le había dado facultades extraordinarias al presidente para pasar proyectos con fuerza de ley en temas relacionados con la paz y sobre todo tenía el propósito de blindar constitucionalmente el Acuerdo Final y darle el título de Acuerdo Especial en los términos de los convenios de Ginebra. Sin embargo, dado que todos los instrumentos de este Acto Legislativo estaban condicionados a la refrendación popular, ya no podrán entrar en vigencia.
No obstante, el presidente cuenta aún con as bajo la manga. En su fallo la Corte aclaró que la falta de competencia para implementar lo pactado no cubre sino el acuerdo derrotado en las urnas, pero que el presidente mantiene las facultades que otorga la Constitución como responsable directo del manejo del orden público. Por lo tanto, tiene el derecho de seguir buscando la paz con un acuerdo distinto, que podría someter a un plebiscito, aunque esto no sería necesariamente obligatorio, pues, como se ha dicho, la refrendación ha sido un ofrecimiento voluntario del presidente y no una exigencia constitucional.
En ese caso, jurídicamente, existe la posibilidad de que el presidente modifique el acuerdo de La Habana ahora cuando los colombianos lo han rechazado. Lo que no significa automáticamente que ambas partes regresen a la mesa a renegociar.
No habría cese ni dejación de armas
Cuando el presidente Santos y el expresidente Gaviria hablaban durante la campaña de que con la victoria del No el país volvería al terrorismo urbano y el enfrentamiento fratricida de hace unos años, se interpretó como un argumento exagerado para inducir a votar por el Sí. Mucha gente consideraba imposible volver a la guerra porque ni la guerrilla, ni el Gobierno, ni los colombianos lo deseaban. De hecho, todas las partes expresaron en el pasado que, ante una eventual derrota en las urnas, buscarían otras salidas jurídicas para salvar el acuerdo.
Ese escenario es muy incierto y la verdad es que no se puede saber lo que va a pasar. A pesar de que las partes no lo quieran, algunas consideraciones de orden práctico desembocan en eso. Para comenzar, el No deja sin piso el cese del fuego y hostilidades bilateral y definitivo. Eso quiere decir que de inmediato se debe comenzar a desmontar el dispositivo de concentración de las FARC, en el que estaba previsto que participara la ONU. Detener este proceso significa que los guerrilleros no se agruparan en las Zonas Veredales de Normalización ni en los campamentos dispuestos para este propósito y que por consiguiente, no van a entregar las armas. Aunque se creía que el presidente podía decretar una nueva tregua bilateral para resolver el impase jurídico que significa la victoria del No en las urnas, la realidad del país deja sin cabida esta posibilidad. Dado que el Estado no cuenta con los recursos para mantener a las FARC durante esa posible tregua, es muy probable que la guerrilla vuelva a la extorsión, el narcotráfico y la minería ilegal para financiar sus estructuras. Ante esta nueva realidad, la fuerza pública deberá actuar contra ellas y es muy probable que estos enfrentamientos resultarán en tragedias que radicalicen la postura de las dos partes.

Por otra parte, el concepto de renegociación es difícil de solucionar en la práctica. Además de las razones militares mencionadas, algunas consideraciones políticas y económicas complican las cosas. Cuando se hablaba de renegociación, se infería por las encuestas que la gente rechazaba sobre todo el modelo pactado de justicia transicional. En la última encuesta Colombia Opina de Ipsos- Napoleón Franco, el 88 % de los colombianos dijeron que los jefes guerrilleros debían ir a la cárcel y el 75 % no quería que participaran en política. A eso se suma que algunos sectores de la opinión exigian que las FARC entregaran el dinero que se presume tienen escondido.
Pero el tema de la cárcel es innegociable para las FARC. Es un asunto de honor. Ellos no quieren volver al monte, pero prefieren hacerlo antes que aceptar que los traten como criminales. Así lo plasmaron en las tesis que discutieron durante la Décima Conferencia de las FARC hace dos semanas en los llanos del Yarí. En el documento, las FARC aclaran:, “No contemplamos en absoluto la renegociación de un acuerdo cerrado y construido con tanto cuidado. No hay otro posible, como no lo fue en el pasado”. Por lo tanto, aún con la victoria del No, no habrá celdas con barrotes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario